Palabras del
Subcomandante Marcos en Juchitán, Oaxaca, el 31 de marzo de 2001.
La tarde se va parpadeando el sofoco
de la noche. Las sombras se descuelgan de la gran Ceiba, el árbol madre y la
sostenedora del mundo, y van a tomar cualquier lugar para acostar sus
misterios. Con la tarde, también se va apagando marzo y no éste que hoy nos
sorprende andando con los muchos. Hablo de otra tarde, en otro tiempo y en otra
tierra, la nuestra. El Viejo Antonio volvió de rozar la milpa y se sentó a la
puerta de su champa. Dentro la
Doña Juanita preparaba las tortillas y las palabras. Y como
si tal, las fue pasando al Viejo Antonio, adentrando unas y sacando otras, el
Viejo Antonio masculló, mientras fumaba su cigarro de doblador,...
LA HISTORIA DE LA BÚSQUEDA
"Cuentan nuestros más antiguos
sabios que los más primeros dioses, los que nacieron el mundo, las nacieron a
casi todas las cosas y no todas hicieron porque eran sabedores que un buen
tanto tocaba a los hombres y mujeres el nacerlas. Por eso es que los dioses que
nacieron el mundo, los más primeros, se fueron cuando aún no estaba cabal el
mundo. No por haraganes se fueron sin terminar, sino porque sabían que a unos
les toca empezar, pero terminar es labor de todos. Cuentan también los más
antiguos de nuestros más viejos que los dioses más primeros, los que nacieron
el mundo, tenían una su morraleta donde iban guardando los pendientes que iban
dejando en su trabajo. No para hacerlos luego, sino para tener memoria de lo
que habría de venir cuando los hombres y mujeres terminaran el mundo que se
nacía incompleto.
Ya se iban los dioses que nacieron
el mundo, los más primeros. Como la tarde se iban, como apagándose, como
cobijándose de sombras, como no estando aunque ahí se estuvieran. Entonces el
conejo, enojado con los dioses porque no lo habían hecho grande a pesar de
haber cumplido con los encargos que le hicieron (changos, tigre, lagarto), fue
a roer la morraleta de los dioses sin que éstos se dieran cuenta porque ya
estaba un poco oscuro. El conejo quería romperles toda la morraleta, pero hizo
ruido y los dioses se dieron cuenta y lo fueron a perseguir para castigarlo por
su delito que había hecho. El conejo rápido se corrió. Por eso es que los
conejos de por sí comen como si tuvieran delito y rápido se corren si ven a
alguien. El caso es que, aunque no alcanzó a romper toda la morraleta de los
dioses más primeros, el conejo siempre sí alcanzó a hacerle un agujero.
Entonces, cuando los dioses que nacieron el mundo se fueron, por el agujero de
la morraleta se fueron cayendo todos los pendientes que había. Y los dioses más
primeros ni cuenta que se daban y entonces se vino uno que le llaman viento y
dale a soplar y a soplar y los pendientes se fueron para uno y otro lado y como
era de noche ya pues nadie se dio cuenta dónde fueran a parar esos pendientes
que eran las cosas que había que nacer para que el mundo fuera completo.
Cuando los dioses se dieron cuenta
del desbarajuste hicieron mucha bulla y se pusieron muy tristes y dicen que
algunos hasta lloraron, por eso dicen que cuando va a llover primero el cielo
hace mucho ruido y ya luego viene el agua. Los hombres y mujeres de maíz, los
verdaderos, oyeron la chilladera porque de por sí cuando los dioses lloran
lejos se oye. Se fueron entonces los hombres y mujeres de maíz a ver por qué se
lloraban los dioses más primeros, los que nacieron el mundo, y ya luego, entre
sollozos, los dioses contaron lo que había pasado. Y entonces los hombres y
mujeres de maíz dijeron "Ya no lloren ya, nosotros los vamos a buscar los
pendientes que perdieron porque de por sí sabemos que hay cosas pendientes y
que el mundo no estará cabal hasta que todo esté hecho y acomodado" Y
siguieron diciendo los hombres y mujeres de maíz: "entonces les
preguntamos a ustedes, los dioses más primeros, los que nacieron el mundo, si
es que se acuerdan un poco de los pendientes que perdieron para que así
nosotros sepamos si lo que vamos encontrando es un pendiente o es algo nuevo
que ya se está naciendo".
Los dioses más primero no
contestaron luego porque la chilladera que se traían no les dejaba ni hablar. Y
ya después, mientras tallaban sus ojos para limpiar sus lágrimas, dijeron:
"Un pendiente es que cada quien se encuentre".
Por esto es que nuestros más
antiguos dicen que, cuando nacemos, nacemos perdidos y que entonces conforme
vamos creciendo nos vamos buscando, y que vivir es buscar, buscarnos a nosotros
mismos.
Y ya más clamados, siguieron
diciendo los dioses que nacieron el mundo, los más primeros: "todos los
pendientes de nacer en el mundo tienen qué ver con éste que les decimos, con
que cada quien se encuentre. Así que sabrán si lo que encuentran es un
pendiente de nacer en el mundo si les ayuda a encontrarse a sí mismos".
"Está bueno", dijeron los
hombres y mujeres verdaderos, y se pusieron luego a buscar por todos lados los
pendientes que había que nacer en el mundo y que les ayudarían a encontrarse.
El Viejo Antonio termina las
tortillas, el cigarro y las palabras. Se queda un rato mirando a un rincón de
la noche. Después de unos minutos dijo: "Desde entonces nos la pasamos
buscando, buscándonos. Buscamos cuando trabajamos, cuando descansamos, cuando
comemos y cuando dormimos, cuando amamos y cuando soñamos. Cuando vivimos
buscamos buscándonos y buscándonos buscamos cuando ya morimos. Para
encontrarnos buscamos, para encontrarnos vivimos y morimos":
- ¿Y cómo se le hace para
encontrarse a uno mismo? -, pregunté.
El Viejo Antonio me quedó mirando y
me dijo mientras liaba otro cigarrillo de doblador:
Un antiguo sabio zapoteco me dijo
cómo. Te lo voy a decir pero en castilla, porque sólo quienes se han encontrado
pueden hablar bien la lengua zapoteca que es flor de la palabra, y mi palabra
apenas es semilla y otras hay que son tallo y hojas y frutos y ese encuentra
quien es completo. Dijo el padre zapoteco:
"Primero andarás todos los
caminos de todos los pueblos de la tierra, antes de encontrarte a ti
mismo"
("Niru zazalu´ guiráxixe neza
guidxilayú ti ganda guidxelu´ lii")
Tomé nota de lo que me dijo el Viejo
Antonio aquella tarde en que marzo y el día se apagaban. Desde entonces he
andado muchos caminos pero no todos, y aún me busco el rostro que sea semilla,
tallo, hoja, flor y fruto de la palabra. Con todos y en todos me busco para ser
completo.
En la noche de arriba una luz ríe,
como si en la sombra de abajo se encontrara.
Se va marzo. Pero llega la
esperanza.
Subcomandante Insurgente Marcos.
Juchitán, Oaxaca.
México, 31 de Marzo del 2001.