HYPOMNEMATA

Los hypomnemata eran cuadernos de escritura: en ellos se encontraban citas, fragmentos de escrituras o pensamientos del propio espíritu. Constituían una memoria material de las cosas leídas, oídas, pensadas, y se atesoraban en esas páginas desordenadas, heterogéneas. Se trataba de un ejercicio en el pensamiento que no tenía como fin el decir lo indecible, sino captar lo ya dicho, de reunir lo leído. Eran escrituras sobre lecturas, y el fin de las mismas, la constitución de sí mismo. Era una escritura que posibilitaba la transformación de la verdad que nos damos a nosotros mismos. Una escritura que constituía con las propias palabras y las de otros un "cuerpo", como el propio cuerpo de quien, al transcribir sus lecturas, se las apropia y hace suya su verdad.







jueves, 16 de abril de 2015

Galeano



Qué tristeza... Fue hace cuatro años. Su visita a Mendoza no nos pasaba desapercibida. Fuimos con los niños a escucharlo al Teatro Universidad, ellos querían tener su Libro de los Abrazos dedicado. Es que todas las noches Gonzalo les leía una historia, de allí, o de las Memorias del Fuego. También estuvimos con él en La Nave, allí gracias al Cara los niños tuvieron una foto con él. Intercambiamos algunas palabras, cuando volvimos a vernos. Dijo algo como que el mundo es un pañuelo doblado para explicar las veces que nos vimos en ese par de días. Finalmente, caminamos nosotros, y muchos mendocinos, junto con él el 24 de marzo de 2011, junto a los hijos, junto a las madres, junto a las abuelas. Por un Nunca Más. Antes de irme de la marcha, le entregué una carta que le había escrito: necesitaba devolverle en palabras lo que sus palabras me habían dado. Claro, salvando las distancias de lo que las mías, quebradizas, dispersas, minúsculas eran respecto de las de él. Al otro día, temprano, me sorprendió su generosidad: me escribía desde el aeropuerto un mail, diciéndome algo de "mi pluma", muy agradecido, y que si quería escribir algo sobre su obra, me enviaría sus libros a mi casa. Y se despedía en ese mail con abrazos voladores. Se sucedió un intercambio breve, pero bonito. Ulises le envió un dibujo escaneado de una de las tapas de sus libros, él le contestó tan amablemente. Dijo que cuando fuera para Montevideo, podríamos encontrarnos en algún café. Después, llegaron los libros. Yo quise escribir algo, pero no estuve a la altura. Me quedó como una tarea pendiente, que todavía tengo que realizar (hay una bonita historia del Subcomandante Marcos sobre los pendientes, que ahora no recuerdo, pero que esta noche voy a leer para Galeano).
Siempre he pensado que Las venas abiertas de América Latina es un libro obligado: es uno de los libros del siglo XX. Un libro que nadie debiera dejar de leer. Entonces se los propuse a los estudiantes en la Facultad de Psicología, para que en grupos presentaran, cada uno, un capítulo. Ahora será un homenaje.
No fui todavía a Montevideo, pero hoy llegué al café, acá en Mendoza, para encontrarme con la noticia de que anoche se ha ido, que murió Eduardo Galeano. No sabía que el café me esperaría con este profundo y triste mensaje. No es la primera vez. Fue también aquí donde recibí el tsunami cuando se fue Luis Alberto. El café tiene cosas para decir, siempre. Para mí, un ritual. Parte de mi relación conmigo misma.
Ya se siente lo que se siente cuando se va uno de los grandes. Desde acá le devolvemos sus abrazos voladores.

miércoles, 21 de enero de 2015

Tristeza


viernes, 26 de diciembre de 2014

no hay salto al vacío



51
No hay salto al vacío.
Aunque no existan ángeles para sostenernos,
ni tampoco travesaños de pensamiento,
ni relativización o absolutos
que puedan retenernos de los brazos.
Hay que ganar el vacío desde antes,
colonizarlo con nuestros abandonos
como si fuera un despojado territorio o una nueva libertad nunca ejercida.
Y cultivar adentro sus fragmentos flotantes,
que se entreveran con las cosas
para enseñarles a no ser.
Y casi sin saberlo,
llegar a amar el vacío.
Aquello que se ama nos sostiene,
aunque también nos empuje hacia el abismo.
Un vacío que se ama
no puede abandonarnos.
Y a un vacío que no se lo ama
no es posible ni siquiera saltar.
RJuarroz

viernes, 19 de diciembre de 2014

Un tránsito y un ocaso

A quienes para hundirse en su ocaso no buscan una razón detrás de las estrellas / a quien no se reserva para sí ni una gota de espíritu / a quien hace de su virtud su inclinación y su fatalidad / a quien se avergüenza cuando el dado al caer le da suerte / a quien delante de sus acciones arroja palabras de oro y cumple siempre más de lo que promete / a quien justifica a los hombres del futuro y redime a los del pasado / a quien castiga a su dios porque ama a su dios, a aquél cuya alma es profunda incluso cuando se la hiere, y puede perecer a causa de una pequeña vivencia / a aquél cuya alma está tan llena que se olvida de sí misma, y todas las cosas están dentro de él / aquél cuya cabeza no es más que las entrañas de su corazón / a todos aquellos que son como gotas pesadas que caen una a una de la oscura nube suspendida sobre el hombre / los que anuncian el rayo que viene y perecen como anunciadores

Así amaba Zaratustra, un amor inhumano, demasiado humano, amor/animal, amor/otro, amor/al/futuro, amor de la comunidad anacorética de los que aman a lo lejos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Amar de amistad: Quizá - el nombre y el adverbio


"¿Qué hacemos nosotros y quiénes somos, nosotros que os llamamos para que compartáis, participéis, os asemejéis? Somos en primer lugar, como amigos, amigos de la soledad, y os llamamos para compartir lo que no se comparte,  la soledad. Amigos completamente diferentes, amigos inaccesibles, amigos solos, en tanto que incomparables y sin medida común, sin reciprocidad, sin igualdad. Sin horizonte de reconocimiento, pues. Sin parentesco, sin proximidad, sin oikeiostés.
¿Sin verdad? Esperemos. ¿Qué verdad para una amistad sin proximidad, sin presencia, pues, sin semejanza, sin atracción, quizá incluso sin preferencia significativa y razonable? ¿Cómo es posible una amistad así, a no ser figuradamente? ¿Por qué seguir llamando a eso “amistad”, si no es por un abuso del lenguaje y la corrupción de una tradición semántica? ¿Cómo podríamos no sólo ser amigos de la soledad, amigos de nacimiento, amigos juramentados, amigos celosos de la soledad, sino incluso invitaros a formar parte de esta singular comunidad? 
¿Cuántos somos? ¿Cuenta eso? ¿Y cómo calcular? Así se anuncia la comunidad anacorética de aquellos que aman alejarse. La invitación os viene de aquellos que no aman más que separándose a lo lejos. No es eso todo lo que aman pero no aman y no aman el amar, no aman amar, de amor o de amistad, a no ser con la condición de esa retirada. Aquellos que no aman a no ser desligándose de esa manera son amigos intratables de la singularidad solitaria. Os invitan a entrar en esta comunidad de la desligadura social, que no es necesariamente una sociedad secreta, una conjuración, la partición oculta de un saber esotérico o criptopoético. El concepto clásico del secreto pertenece a un pensamiento de la comunidad, de la solidaridad o de la secta, de la iniciación o del espacio privado que representa aquello mismo contra lo que se subleva el amigo que os habla como amigo de la soledad. 
¿Cómo es eso? ¿No es eso un desafío al buen sentido y al sentido pura y simplemente? ¿Es eso posible? Quizá eso es imposible, precisamente. Quizá lo imposible es la única ocasión posible para alguna novedad, para alguna filosofía nueva de la novedad. Quizá, quizá en verdad el quizá sigue designando esa ocasión."

JDerrida


domingo, 17 de agosto de 2014

Alegría,discrecionalidad y azar



Entender que: probablemente no nos estemos escuchando, que contribuimos a un ruido de fondo, que nos hacemos interferencias al propio pensamiento que, preso de su época, zigzaguea en la escucha de uno, de otro... Que todo esfuerzo por una pregunta propia, genuina, vital, es un esfuerzo por la soledad. Que la filosofía sin embargo es ésto: que si estamos atados a la filosofía vitalmente, entonces también estamos atados a este sordo cuchicheo y múltiple murmullo de cosas "trascendentes", mientras la vida, eso que nos antecede y nos es inmanente, nos deja subjetivarnos de este modo, que creemos genuino. Afortunadamente una ficción que nos permite llegar a ser los que somos.

(O de cómo un pesimismo filosófico se transforma en la afirmación de la ficcionalidad, ergo, en qué otra cosa? Hipótesis: la alegría de la discrecionalidad y del azar, y la de la soledad)

sábado, 3 de mayo de 2014

Variabilidades infinitas

Además de una filosofía que traza planos en el caos, una sensación al despertar:


"Sólo pedimos un poco de orden para protegernos del caos. No hay cosa que resulte más dolorosa, más angustiante que un pensamiento que se escapa de sí mismo, que las ideas que huyen, que desaparecen apenas esbozadas, roídas ya por el olvido o precipitadas en otras ideas que tampoco dominamos. Son variabilidades infinitas cuyas desaparición y aparición coinciden. Son velocidades infinitas que se confunden con la inmovilidad de la nada incolora y silenciosa que recorren, sin naturaleza ni pensamiento. Es el instante del que no sabemos si es demasiado largo o demasiado corto para el tiempo. Recibimos latigazos que restallan como arterias. Incesantemente extraviamos nuestras ideas. Por este motivo nos empeñamos tanto en agarrarnos a opiniones establecidas."


GDeleuze