HYPOMNEMATA

Los hypomnemata eran cuadernos de escritura: en ellos se encontraban citas, fragmentos de escrituras o pensamientos del propio espíritu. Constituían una memoria material de las cosas leídas, oídas, pensadas, y se atesoraban en esas páginas desordenadas, heterogéneas. Se trataba de un ejercicio en el pensamiento que no tenía como fin el decir lo indecible, sino captar lo ya dicho, de reunir lo leído. Eran escrituras sobre lecturas, y el fin de las mismas, la constitución de sí mismo. Era una escritura que posibilitaba la transformación de la verdad que nos damos a nosotros mismos. Una escritura que constituía con las propias palabras y las de otros un "cuerpo", como el propio cuerpo de quien, al transcribir sus lecturas, se las apropia y hace suya su verdad.







domingo, 21 de diciembre de 2008

felices incertidumbres


La otra noche soñé que estaba por parir, fue muy real: las contracciones, la tensión inusitada de un cuerpo, el propio, atravesado por una fuerza. No era un sueño acerca de un hijo (un hijo es un hijo cuando nació, antes, se escapa a cualquier conceptualización y comprensión que podamos hacer sobre lo que vendrá). Se trató de un sueño que manifestaba la sensación corporal de estar a punto de lanzar una "cosa" desde dentro, con una fuerza que le es propia, sin poder hacer otra cosa que dejarlo pasar. Que ser puente. Que darle el lugar que se viene haciendo. La única explicación que encontré fue que estaba terminando el año, y que tal vez realmente el 2009 sea un año nuevo. Debo estar pariendo lo que todavía no sé. Me entusiasmé con eso de parir una novedad todavía incierta. Así que auguro incertidumbres!!! ¿No es lo mejor que puede augurarse?

miércoles, 19 de noviembre de 2008






"No a todas las cosas les es lícito tener palabras antes del día"

(F. Nietzsche)

martes, 11 de noviembre de 2008

La escritura de un pensar laberíntico: entre nos-otros

(Fragmento de "Entre la palabra y el abismo: habitar lo extraño en uno)




Una escritura-experiencia de la filosofía, que podemos inscribir en una lógica laberíntica y que no espera encontrar, sino perder el rostro, es una escritura que se instituye a partir de la diferencia, del principio de alteridad. Y es una filosofía tensional, en tanto su escritura se crea entre lo que se sabe y lo que no. Entre quien se es y lo otro que somos. Entre la interioridad y lo extraño. Las cosas, el mundo, los otros, hablan siempre una lengua diferente. Perder el rostro manifiesta esa tensión entre lo uno y lo otro, ese paseo de una filosofía tensional que hace de su escritura su carácter: en sus palabras tiene que quedar la huella del habitar de lo extraño en uno, la diferencia que se hace cuerpo, la discontinuidad respecto de nuestra mismidad.

Frente a la imagen de un pensamiento cuya lógica se reduce a la racionalidad argumentativa, nos preguntábamos si era posible otro filosofar, que no concluya en definiciones últimas, sino que por el contrario, abra el juego a nuevos posibles, un pensar que se constituya a partir del acontecimiento, y que las verdades a las que arribe sean pensadas siempre como verdades en tránsito. Para este pensar laberíntico, y para una escritura de este pensar se nos presenta también una subjetividad otra; no aquella que resulta garante del conocimiento (“en tanto me conozco a mí mismo, puedo conocer las cosas”, ya que no esperamos encontrarnos, sino perdernos). Una subjetividad entendida a partir de la diferencia, que more y afirme el juego de fuerzas que la forma, la deforma y la transforma. Que se “abandone”, soltando las certezas sobre las que reposa; entregarse a las fuerzas del acontecer, y posicionarse otra vez respecto de ellas. Habitar en el “entre” nosotros y los otros; en un nos-otros: en tanto nos habita la diferencia, en tanto somos siempre otros para nosotros mismos en el devenir de nuestro pensamiento.

Una escritura-experiencia es siempre una escritura a otros, de otros y con otros; en la medida en que se da a partir de un diálogo con la alteridad. Una escritura-experiencia es un encuentro de diferencias que no se reduce a ninguna de ellas, ni es síntesis de contrarios, sino lo nuevo que desde allí mana. Lejos de fijar sentidos, al modo arquitectónico, se trata de una escritura que permite la generación de nuevos sentidos, que se instituye a partir del continuo movimiento del pensar. Es un pasar de sentidos a nuevos sentidos, y en este pasar la subjetividad se crea y recrea. Una escritura-experiencia posibilita figuras provisorias de la identidad, múltiples rostros que se van transformando a partir de las diferencias que se establecen consigo mismas en ese “abandono” al movimiento de un pensar no totalizante.

Invierte la relación de lo posible y lo real. Hace posible lo real. Una escritura-experiencia no busca legitimar lo que sabe a través de su lógica explicadora, en el intento de hacer real lo posible o un deber-ser; sino por el contrario, que lo real se haga posible. Tomar la realidad como punto de partida y abrir posibilidades, nuevos horizontes, no los previstos, puesto que no estamos buscando orientarnos en el pensamiento como cuando recorremos una ciudad con un mapa. Afirmar lo posible implica afirmarlo como enigma y como tránsito, como azar y como escucha. Como invención. Como encuentro.

La experiencia que va lo real a lo posible instaura nuevos órdenes, nuevas relaciones con los mapas, nuevas formas de jugar. Julio Cortázar en su Rayuela describía el juego entre la Maga y Oliveira diciendo en boca de este último: “Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. También podemos decirlo como Benjamín cuando escribe: «Importa poco no saber orientarse en un ciudad. Perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en el bosque, requiere un aprendizaje». Picasso lo dijo así: “Yo no busco, encuentro”. Por último, podemos decirlo con Miguel Morey: “Si pasear es un proyecto por medio del cual se rompe con el mundo del proyecto es porque en él se busca lo que no se espera –se sale al encuentro de aquello que sólo cuando se encuentra se sabe que se estaba buscando.”

martes, 4 de noviembre de 2008

mensagem-miragem

Imagem-mensagem... uma mensagem nebulosa, sem foco, mas que, como as miragens, abrem-se ao olhar do outro, daquele que vê de forma generosa. Sem foco, damos a pensar mais sobre as possibilidades das formas e das pessoas. Penso nesse corpo-infantil que chega à escola... por que qualquer processo de educação tem a intenção de atribuir foco para as imagens? Não é a vibração dos corpos que nos costura aos outros... A vibração que nos faz ser mais maleáveis, mais sem formas... dês-formes e nebulosos. Seu corpo nessa foto é como as crianças não linguajadas da escola... são corpos que escapam, que nomadizam, que vibram com o mundo!

(Así habló Marcelo)

domingo, 2 de noviembre de 2008

miragem


miércoles, 29 de octubre de 2008

Decir para merodear otro cuerpo


“Decir
Para merodear otro cuerpo”
Como si con cada palabra creásemos puentes-entres-a través-bordes-junturas-bisagras-pliegues
que delimitan las fronteras entre nos-otros

Palabras-cuerpos
palabras-piel
que a la vez unen y separan
que marcan el abismo entre un sí mismo y el otro
y posibilitan un-otro-sí-mismo

Decir para nombrar y nacer un mundo
Y nacer al mundo
Y ser extranjero de ese mundo al que nacemos
Y en el que nacemos

Palabras-mundos
para decir a otros
para decirnos otros
y ser el propio andar que se sabe de paso.

domingo, 26 de octubre de 2008

Linda Buenos Aires


entre tus calles... flâneur...

y cuando vuelvo, quedo con ese envión en las piernas
de caminarte, de tu cuerpo y el mío en los pasos dados
de intercambiar tamaños, sueños y vigilias, palabras, cruces








sábado, 11 de octubre de 2008

La infancia que no es del otro


¿Por qué dejar de ser infantes? ¿Por qué nombrar las cosas con las palabras impuestas por otros? ¿No es la in-fancia esa condición en nosotras, niñas-adultas, y en todos, de no tener aún el lenguaje para nombrar lo nuevo que nos acontece? ¿No es propiamente ese intento de nombrar un mundo nuevo que aparece? ¿No es, ser infantes, nombrar las cosas con nuestras propias palabras, abrirnos mundo y mundos posibles con nuestras palabras-a-tientas? ¿No es relacionarnos de otro modo con el lenguaje, no es hablar sino en metáforas? ¿No es la infancia esa actitud de ver las cosas como si las viéramos por vez primera, cada vez? ¿O esa actitud que nos permiten que “nos pasen cosas”, en un mundo de adultos que pretenden controlar el futuro, sus relaciones, su vida, para no sufrir?

La infancia, la experiencia y lenguaje que nos habita, en el que co-habitamos: que nos atraviesen. Sigamos siendo permeables a que las cosas nos atraviesen, también el dolor, pero sin dejar que las cosas nos atraviesen ¿podemos ser felices? ¿Podemos encontrarnos con el otro que, desde su palabra, nos interpela?

martes, 7 de octubre de 2008

Omphalos


Para los griegos, Delfos era el ombligo del mundo (su centro geográfico), donde se habían reunido las dos águilas enviadas por Zeus desde los bordes opuestos de la circunferencia de la Tierra. Allí se consagraba el culto a Apolo y la pitia o pitonisa pronunciaba sus oráculos. “Conócete a ti mismo” (gnothi seauton) eran las palabras escritas sobre el oráculo de Delfos. Sócrates, a través de Platón, marcó con ellas la historia de la filosofía.

¿Qué querían decir estas palabras para los griegos? Para problematizar acerca de los supuestos y proyecciones de las mismas, tomaremos algunas reflexiones de clases de Michel Foucault en el Còllege de France. Se trata del curso de 1981-1982, reunido en La hermenéutica del sujeto, dedicado al problema entre “sujeto y verdad”. En el mismo, Foucault toma la noción de “inquietud de sí mismo” (epimeleia heautou), que puede pensarse como el ocuparse o preocuparse de sí. Se trata de una elección p, aradójica, tal como lo señala Foucault, cuando todo el mundo sabe que la cuestión del sujeto se planteó originariamente en una fórmula bien diferente: el oráculo délfico “conócete a ti mismo”, que se convierte en fundador, en la historia del pensamiento occidental, de las relaciones entre sujeto y verdad.

Según Foucault, estas palabras no tenían en su origen el valor que luego se les atribuyó. Puesto que lo que se prescribía en la fórmula no era el autoconocimiento como fundamento moral, ni tampoco religioso, como principio de relación con los dioses. Una de las interpretaciones sugiere que esta expresión significaría “en el momento en que vengas a hacer preguntas al oráculo, examina bien en ti mismo lo que vas a hacer; y puesto que debes reducir al máximo la cantidad de tus preguntas y no plantear demasiadas, presta atención en ti mismo a lo que necesitas saber”. Otra interpretación es que el “conócete a ti mismo” sería el principio que recordaría a quien consulta sin cesar que, después de todo, no es más que un mortal y no un dios, por tanto no debe presumir demasiado de su fuerza ni enfrentarse a las potencias de la divinidad.

Foucault se pregunta cuál es la causa de que la “inquietud de sí mismo” haya sido pasada por alto en la manera en que el pensamiento occidental rehizo su propia historia, cómo pudo suceder que se privilegiara tanto, se atribuyera tanto valor e intensidad al “conócete a ti mismo” y se dejara de lado o en la penumbra, la noción de “inquietud de sí”. La hipótesis foucaulteana es que hay algo perturbador en el principio de la “inquietud de sí”, vinculado a cierta tradición que nos hace desistir de dar a esos preceptos y formulaciones un valor positivo. Podemos esbozar otras: si lo pensamos desde el punto de vista de la responsabilidad (y aquí podríamos recordar una ética existencialista sartreana), es más sencillo justificar nuestras acciones a través del perdón y la culpa religiosa, que hacernos cargos de nosotros mismos, hacernos responsables por nuestras acciones. En definitiva, la preponderancia del “conócete a ti mismo” sobre la “inquietud de sí” puede pensarse también como la primacía de la esencia sobre la existencia, de la seguridad sobre la incertidumbre. No por algo el oráculo estaba dedicado a Apolo y no a Dionisio.

Pero volviendo a las hipótesis de Foucault, plantea una razón mucho más profunda para que el “ocúpate de ti mismo” se haya borrado y el “conócete” se haya erigido como estandarte para occidente. Esta razón obedece al problema de la verdad y se sitúa en lo que nuestro filósofo llama “el momento cartesiano”: Descartes situó el punto de partida en la evidencia del cogito, esto es, en aquella célebre frase de “cogito ergo sum”, pienso, luego existo, con lo cual Descartes se refiere al autoconocimiento. Con la indubitabilidad de mi existencia como sujeto, el “conócete a ti mismo” se vuelve el acceso fundamental a la verdad. Sólo puedo conocer las cosas en la medida en que me conozco a mí mismo. Pero esto ya supone demasiadas cosas: en primer lugar que hay algo que puede ser llamado verdad, o que haya una verdad; por otro que yo soy siempre el mismo, puesto que si cambiase todo el tiempo ¿cómo podría conocerme?

Si atendemos a “la inquietud de sí mismo”, por su parte, parecería diferir, en un principio y con la posterior interpretación, del “conócete a ti mismo”, puesto que aquella implica no sólo un volverse sobre sí mismo, ya que se trata de prestar atención a lo que se piensa y lo que sucede en el pensamiento, sino una serie de prácticas sobre sí, acciones que uno ejerce sobre sí mismo, a través de las cuales uno se hace cargo de sí, experiencias que implican una transformación, una modificación, una transfiguración.

Ya no se trataría sólo de un sujeto noético, sino de un sujeto empírico, en tanto se transforma a través de la experiencia. Esto implica entonces para Foucault, no tanto un creciente conocerse, “encontrarse a uno mismo”, un “reconocerse”, sino más bien perderse, distanciarse de lo que se piensa hasta ese momento, hacer el ejercicio de criticar o cuestionar el propio pensamiento para saber hasta dónde se puede pensar distinto de cómo se piensa. Este es el trabajo de la filosofía, criticar para transformar: las conciencias, los sistemas, las relaciones de poder.

Parecería decir: des-encontrarnos. Pedernos. Des-sujetarnos. A partir del encuentro con los otros, con lo otro. En el diálogo, en el cruce de fuerzas, en un “entre” nosotros y las cosas que no quede definido por la relación sujeto-objeto. O sujeto-verdad.


sábado, 4 de octubre de 2008


Gon dice:
Serán mis ojos los ojos en el mar de ojos? serán los ojos de alguien que era? Serán los ojos de otro?
Serán los ojos de un extranjero?
Serán los de Gonzalo? Que es el mismo y es otro de hace 10 años?
Serán los ojos de 10 años? De 35 años sosteniendo una realidad tan ajena, extranjera, hurgando en el microcosmos, deteniendo el tiempo para prestarle atención a esa adolescente samurai?



sábado, 27 de septiembre de 2008




En definitiva: una escritura desde todas las otras que soy.




jueves, 25 de septiembre de 2008

Puertas y pasajes: de arquitectura y filosofía




"Estas puertas -la entrada a los pasajes- son umbrales. Ningún escalón de piedra los señala. Por eso lo hace la actitud de espera de las pocas personas presentes. Sus pasos lentos y medidos reflejan, sin que ellas mismas lo sepan, que se está ante una decisión."


Walter Benjamin


viernes, 19 de septiembre de 2008

Semejanzas



Hoy leía con Walter Benjamin que la experiencia se basa en el don de producir y percibir semejanzas. Entonces pensé esas cosas que me pasan. Como sumar la lluvia a una canción, o las primeras noches de primavera a una velocidad. Un gesto a una palabra, o a los gatos. Un modo de decir al habla infantil o a la del poeta. Referir lo que leemos a un alguien, o lo que escribimos a un otro. Un intercesor: la semejanza entre lo que digo y el rostro expectante que se asoma a mi escritura; entre un pensamiento y un otro-sí-mismo.


Percibir y producir la semejanza entre los discursos y las prácticas: una política de la experiencia.


lunes, 1 de septiembre de 2008



"Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerariomisterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba. En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferenciade mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas."

JULIO CORTÁZAR

miércoles, 27 de agosto de 2008

Cuatro importancias



Hay un poema de Manoel de Barros, poeta brasileño, que habla sobre las importancias. Y esas importancias no son como las otras: esas que refieren grandes anhelos, o peor, grandes pre-ocupaciones. Son importancias pequeñas, brincadeiras, las del día.

Ayer salí exultante de la Universidad. Había dado una clase sobre Nietzcshe que me había conmovido -no sé qué les pasó a los alumnos-, me había dejado en éxtasis. Había podido comunicarme con mi propio discurrir para hablar sobre una filosofía sin explicarla, para narrar una experiencia filosófica a partir de su lectura, a partir de mi escritura que se cruza con la nietzscheana. No había matado su pensamiento al explicarlo. No lo había explicado.

Más tarde, una cosa "tonta". En un semáforo, acomodando el espejo retrovisor (¿qué pasa con los retrovisores?), me encuentro, literalmente, en gestos con la persona que estaba en el auto de atrás. Sus señas, sus dedos, apuntaban hacia adelante, bastó seguirlas para darme cuenta que el semáforo ya estaba en verde, mientras yo me dedicaba a acomodar mi retrovisual. Contesté también con un gesto, un pulgar levantado, agradeciendo que lo que me dio no fue un bocinazo. Una cosa "tonta" que me distrajo de lo cotidiano: me sacó de esa marea de perplejidades de cuando uno va en el auto, de esa distracción impávida, para encontrarme con un alguien en un gesto.

Allí, en el auto, y ya casi como todos mis pensamientos -que surgen en tránsito, en paseo, en caminatas- apareció uno que decía: ¡esto podría ser lo bueno que pasó en mi día! Ese despertar a los otros cuando nos creemos solos, ese despertar también al lenguaje gestual que también dice. Lo bueno que me pasó en el sentido de "lo importante", lo "contable" en un anecdotario de almanaque. Y ahí también coloqué mi clase sobre Nietzcshe.

Pero claro, ya no terminó todo ahí. Cuando una comienza a prestar atención a ciertas cosas, nos abrimos a otras. También en el auto, ya de noche y volviendo, otro acontecimiento: ruta + calorcito (de zonda) + precisamente la noche. Esa combinación es la mejor cuando se va e el auto. Primer día de calorcito en Mendoza. No pude sino acompañar con música: "O ultimo día" y "Trampolim", de Moska, eran perfectos para ese momento. Otra vez, una importancia para mi día.

Y cuando ya la noche cayó, y yo misma estaba a punto de caer y entregarme al dios Morfeo, apareció Cortázar en una entrevista por la tele. Me sorprendió, que en la tele pudieran pasar una entrevista de 2 horas, en la que Cortázar se desplazaba con las palabras y se contaba a sí mismo y a su realidad-fantástica. A su línea que bajaba por todos esos papeles y dibujos y klimts que había pegado en una pared. Una línea que no la había puesto él, que no fue intencional, y que sin embargo, se había nacido en ese caos y superposición de imágenes y textos azarosos.

¿Qué son las importancias sino las sorpresas, Manoel, Julio?

lunes, 18 de agosto de 2008

Nuda Veritas


Klimt + Silva


En una tierra milenaria, acabada de memoria, el búho de Minerva alza su vuelo al atardecer. Entre sus patas se lleva lo sido para colmar de historias la noche que se alza, mientras un viejo expira. En ese mismo instante, en las antípodas de la redondez de esa tierra, que es otra y la misma, un pájaro canta al amanecer y un águila dedica su vuelo en el abismo de las alturas, sospechando ya de la objetividad y con un sentido de la historia favorable a la vida y a la creación de futuros. Abre los ojos y los pulmones un niño, que acaba de nacer.

Y en los dos momentos del mundo, medianoche y mediodía, se inicia un primer movimiento: cuando por primera vez el niño insufla el devenir en sus pulmones. Lo hiere y quema ese primer halito que, a la vez, es el que le da la vida. Y así aprende a jugar y a lanzar los dados.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Les amants


Abrir los ojos y encontrarnos con una palabra que nos llama: una palabra de otro que nos interpela, nos exige una respuesta, nos expone a saber, que después de ella, no seremos los mismos. Una palabra que no esperamos: un alguien allí que nos ha sido velado –las distancias, el azar, los tiempos a destiempos, los recorridos y vericuetos de un andar que nunca es el mismo, que cegaron unos ojos en nuestros ojos-. Sabernos allí, en un mismo tiempo confluyendo, ríos cruzados, relámpagos de una noche oscura, o vientos que silban mientras no saben su rumbo y se largan a los abismos, prontos a la palabra, a decirse, a inventarse.

jueves, 7 de agosto de 2008

Laberintos










¡Crearme los propios laberintos!
Los intersticios que recorrer,
las máscaras que usar;
los personajes
y el teatro.
No ser ya la que era:
la misma que recorrió un trayecto.
¡Ser todas y cada una de aquellas
que se animan a lanzarse a los abismos,
a mirar desde las profundidades de las alturas,
siempre y lo suficientemente alta para el rayo!
En el anverso y reverso del tiempo:
poder desplazarme pasado y futuro en la palabra del instante,
fluir en el cambio,
¡enfrentar la invariabilidad de los sistemas y derrotar el proyectar el futuro a costa de totalitarismos!
Sabernos con otros en nuestras obras,
co-autores de una misma canción,
deshacer la trampalengua que nos seduce a traducirnos,
y crear el espacio de nuestro encuentro:
un espacio común de la palabra,
un laberinto para perdernos y quizás encontrarnos
–o no encontrarnos ya más-,
para dar con nuestros ojos que dicen
–aunque sin palabras-
cuando es otra la misma noche.

jueves, 31 de julio de 2008

sólo un gato, todos los gatos



martes, 29 de julio de 2008

l´universe nous traverse




jueves, 24 de julio de 2008

flor-rizoma

Cuando escribimos creemos ser quienes lo hacemos. No sólo eso, relacionado con la imagen que tenemos de nosotros mismos -una individualidad, una unidad-, sino que además creemos ser los poseedores de nuestras palabras, una especie de liberalismo de la escritura, en donde también creemos en la propiedad intelectual. Pero resulta ser que nuestra escritura es siempre la escritura de otros, a otros, con otros; y nuestras lecturas, también las lecturas de otros, a otros y con otros. Cada vez que escribimos compartimos nuestras palabras con otras escrituras y lecturas, y nos reinventamos cada vez en ellas -no propiamente nuestras, sino de todos y de nadie, como una flor parásita de un árbol, como una flor-rizoma-. Escribir, como leer es una experiencia. Nos transforma. No somos los mismos después de leer aquello que nos dio que pensar, que nos obligó a nuevos sentidos, que nos dejó impávidos como gritos de asombro. Que nos hizo sonreir y sonreirnos a nosotros mismos, que nos crispó la piel, mientras aquello leído se nos volvió cuerpo. Escribir, como leer es un acontecimiento, que se da "entre" algo y nosotros, pero que no podemos adjudicárnoslo, apropiárnoslo, identificarlo con nosotros. Toma distancia respecto de quienes lo hacemos, cobra vida propia, nos mira desde otro lugar. Tiene que ver con nosotros, pero no es nosotros. Una experiencia, como sólo podría ponerle palabras Foucault en la Introducción a La arqueología del saber, cuando imagina su respuesta a un crítico de su libro que le formula la siguiente pregunta:

"- ¿No está usted seguro de lo que dice? ¿Va usted denuevo a cambar, a desplazarse en relación con las preguntas que se le hacen, a decir que las objeciones no apuntan realmente al lugar en que usted se pronuncia? ¿Se prepara usted a decir una vez más que nunca ha sido usted lo que se le reprocha ser? Se está preparando ya la salida que en su próximo libro le premitirá resurgir en otro lugar y hacer burla como la está haciendo ahora :"No, no, no estoy donde ustedes tratan de descubrirme sino aquí, de donde los miro, riendo".

- ¡Cómo! ¿Se imaginan ustedes que me tomaría el trabajo y tanto placer al escribir, y creen que me obstinaría, si no preparara -con mano un tanto febril- el laberinto por el que aventurarme, con mi propósito por delante, abriéndole subterráneos, sepultándolo lejos de sí mismo, buscándole desplomes que resuman y deformen su recorrido, laberinto donde perderme y aparecer finalmente a unos ojos que jamás volveré a encontrar? Más de uno, como yo sin duda, escriben para perder el rostro. No me pegunten quién soy, ni me pidan que permanezca invariable: es una moral de estado civil la que rige nuestra documentación. Que nos deje en paz cuando se trata de escribir."

jueves, 17 de julio de 2008

palabras desde el azar














SILENCIO

Desdibujo su figura
(desde la sombra)
para dar rastro
a lo que no tiene rostro.
Garabateo estas líneas
(eso intento)
para sacarle liebres
al eco
de tu silencio.

(J. Montaño)

miércoles, 9 de julio de 2008

O último dia

(Paulinho Moska / Billy Brandão) Sony Music / Billy Brandão

Meu amor


O que você faria se só te restasse esse dia?

Se o mundo fosse acabar

Me diz, o que você faria?la manter sua agenda


De almoço, hora, apatia?

Ou esperar os seus amigos

Na sua sala vazia?Corria prum shopping center


Ou para uma academia?

Pra se esquecer que não dá tempo

Pro tempo que já se perdia?Andava pelado na chuva?


Corria no meio da rua?

Entrava de roupa no mar?

Trepava sem camisinha?Abria a porta do hospício?


Trancava a da delegacia?

Dinamitava o meu carro?

prava o tráfego e ria?

lunes, 30 de junio de 2008

El mar

y una vez y otra vez, y siempre, el mar..... y abismo, y resplandor y azar y viento (para esas dos que estaban y eran ya en un encuentro...).





Antes que el sueño (o el terror) tejiera

mitologías y cosmogonías,

antes que el tiempo se acuñara en días,

el mar, siempre el mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento

y antiguo ser que roe los pilares

de la tierra y es uno y muchos mares

y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira, lo ve por vez primera,

simepre. Con el asombro que las cosas

elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.

¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día

ulterior que sucede a la agonía.



Jorge Luis Borges

viernes, 27 de junio de 2008

las chicas y una lluvia torrencial en ipanema


jueves, 26 de junio de 2008

nos-otros

"Abandonarse a las palabras "que llegan" es abandonarse al lenguaje que creemos constituir pero que nos constituye también desde los otros, desde las voces de los otros que se cruzan en la nuestra, desde la escritura del otro que se enmaraña en la propia, y torna difícil toda distinción, pero, a la vez, la posibilita"


(CRAGNOLINI/NIETZSCHE/NOS-OTROS)

martes, 24 de junio de 2008

Experiencia del "entre"


Tanto experienciar "entre", compré un libro (como cuando se aferra uno a algo que parece que va a nombrarnos, como cuando algo nos interpela y nos llama a un encuentro) y encontré estas palabras... que parecen mías y son mías y no, que iba a decirlas cuando las estaba leyendo, que estaban por ser escritas por mí cuando el libro me las adelantó... las ideas, las palabras, los pensamientos tampoco son "míos", ni de un "yo". También las ideas, las palabras, los pensamientos son "entre".

"Habitar en el "entre" es también morar el juego de las fuerzas, en el que no existen hilos fijados de antemano para seguir un trayecto, arriesgarse a la pérdida de toda propiedad de sí, de toda autonomía, de todo dominio. El "entre" deviene continua des-apropiación , en una configuración de la supuesta mismidad desde ese cruce de fuerzas con lo extraño, lo otro, que descubre que , de algún modo eso extraño ya estaba siempre en uno, morando, des-morándose.(...)
"Entre": morada provisoria de en lo extraño y de lo extraño (en uno); cruce de fuerzas que se forja como entre-cruzamiento que no espeja lo otro en lo mismo. El otro, el extraño, es un otro-en-uno-mismo que conserva cierta opacidad, siempre inaferrable. Res-guardo de la otredad que no puede ser apropiada."

(CRAGNOLINI, M. Moradas Nietzscheanas. Del sí mismo, del otro y del "entre".)






experiencia



lunes, 9 de junio de 2008

La palabra

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Pablo Neruda

sábado, 7 de junio de 2008

redes


comenzar
----------por rodear
---------------------las cosas;
------------------------------hacer
--------------------del tiempo
-----------una curva
-------y de
-----------las relaciones
-------------------------redes;
--------------------------------no vincularnos más
---------------------------------------------------binariamente,
--------------------------------------entretejernos
-----------------------y relacionarnos
--------------cada vez,
------------------------y con cada singularidad,
----------------------------------------------como un cruce, un encuentro,
de una red que se está haciendo.

martes, 3 de junio de 2008

mANifiEstO pOR Un pENsAmIEnTo dE La DifERenCIa


DE NIETZSCHE, DE FOUCAULT, DE DELEUZE, DE SANDRA, DE MARCELO, DE SILVA, DE... Interromper. O uno. A identidade. O todo. A totalidade. A plenitude. A completude. O íntegro. A dialética. A negação. A razão. A verdade. O progresso. A evolução. A origem. A teleologia. O sujeito.

    Dispersar. Disseminar. Proliferar. Multiplicar. Descentrar.
Desestruturar. Deconstruir. O significado. O sentido. O texto. O desejo. O sujeito. A subjetividade. O saber. A cultura. A transmissão. O diálogo. A comunicação. O currículo. A pedagogia.



Preferir a diferença à identidade. a positividade à negatividade. a afirmação à contradição. A singularidade à totalidade. a contingência à casualidade. O evento ao predicado. A performatividade à qualidade. O verbo ao adjetivo. O "verdejar" ao "verde". A linha ao ponto. A espiral à seta. O rizoma à árvore. A disseminação à polissemia. A ambigüidade à clareza. O movimiento à forma. A metamorfose à metáfora. O acontecimento ao conceito. O impensado ao bom senso. O simulacro ao original.


domingo, 1 de junio de 2008

Una otra política del lenguaje


No somos individualidades dispersas. Sino singularidades conjugadas. Estamos atravesándonos unos a otros, rizomáticamente, y lo hemos predicado como amor y como odio, como cariño y como deseo, como rechazo. Ficciones de una identidad, cuando se trata de una metáfora para hablar de ese “entre” nosotros, aquello del orden del acontecimiento, una experiencia, irreductible al lenguaje del totalitarismo universalizante. Sólo podemos hablar de ese “entre” desde un lenguaje propio de la infancia, inventando, creando, develando las máscaras desde las que hablamos.

martes, 27 de mayo de 2008

Mi mundo: voluntad de poder


"¿Y sabéis también qué es para mí "el mundo"? ¿He de mostrároslo en mi espejo? Este mundo: una enormidad de fuerza, sin comienzo, sin fin; una cantidad fija, férrea de fuerza, que no se hace mayor ni menor, que no se consume sino que sólo se transforma, (...) bendiciéndose a sí mismo como aquello que ha de regresar eternamente, como un devenir que no conoce ni saciedad ni hastío ni cansancio -: este mi mundo dionisíaco del crearse-a-sí-mismo, este mundo-misterio de los deleites dobles, este mi más allá del bien y del mal, sin meta, a menos que se encuentre en la dicha del círculo, sin voluntad, a menos que un anillo tenga una buena voluntad para consigo mismo.- ¿Queréis un nombre para este mundo? ¿Una solución para todos los enigmas? ¿Una luz también para vosotros, los más ocultos, los más fuertes, los más impasibles, los más de medianoche? ¡Este mundo es la voluntad de poder -y nada más! ¡Y también vosotros mismos sois esa voluntad de poder -y nada más!

Nietzsche -junio de 1885-
Silva -mayo de 2008-

del acontecimiento

"El estallido, el esplendor del acontecimiento es el sentido. El acontecimiento no es lo que sucede (accidente); está en lo que sucede el puro expresado que nos hace señas y nos espera. (...) es lo que debe ser comprendido, lo que debe ser querido, lo que debe ser representado en lo que sucede. Bousquet añade: “Conviértete en el hombre de tus desgracias, aprende a encarnar su perfección y su estallido.” No se puede decir nada más, nunca se ha dicho nada más: ser digno de lo que nos ocurre, esto es, quererlo y desprender de ahí el acontecimiento, hacerse hijo de sus propios acontecimientos y, con ello, renacer, volverse a dar un nacimiento, romper con su nacimiento de carne. Hijo de sus acontecimientos y no de sus obras, porque la misma obra no es producida sino por el hilo del acontecimiento."

GILLES DELEUZE

domingo, 25 de mayo de 2008

habitar en la palabra

No entiendo de misterios, sobrepasan mi razón como una ola gigante en busca de su playa para romperse. Y mi razón es quizás lo que más se sobrepase a sí misma. Poder pensar una existencia, el universo, las armonías y los ciclos, el orden y el caos, el movimiento, ese despliegue del tiempo que como una tela se desenvuelve sin reverso, aparentemente sin reverso… las palabras que son la materia del tiempo, las que lo piensan, las que lo dicen, las que me permiten decir esto ahora. El pensamiento que me vive, y que me epifaniza la vida, el mundo, el tiempo, ser madre, la naturaleza de lo que vive y muere, ser tránsito, ser puente, dejar que acontezca, que sea en mí la lógica inversa de que de dos aparezca el uno.

Hay muchas cosas que no sé, y muchas cosas en las que no creo. Tal vez quisiera creer. Otorgarle a la repetición de las palabras el carácter mágico que modifique el curso de lo inevitable. De lo que tiene que ser, de la continuidad que sigue a la tirada de dados. Del azar que afirma la necesidad. Aunque el tiempo allí no es lineal. Yo creo que no logro desplegarme de esa linealidad, aunque a veces me acontezca una circularidad que me asusta. En estos días me he sentido en un espiral. Entonces, de lo que no sé y de lo que no creo, es de lo que voy a hablar alguna vez cuando escriba un libro, alguna vez si doy rienda suelta a esta palabra que se me cae de la boca apenas le doy permiso, que parece que habitara conmigo y constituyera. Un grito de asombro que soy en el mundo, esta palabra que me va diciendo a mí misma, que me despliega y me hace tiempo, un tiempo que se escurre como agua entre los dedos, y que no puedo asumir; esta muerte que me espera y que me asusta. Creo en esta fuerza que me hincó a la vida, creo en las palabras que crean, en ese pensamiento que abre sentidos, mil sentidos para ver el mundo, desde dentro, desde afuera, creo en tus ojos mirando desde la distancia, en el poder que hace aparecer y desaparecer, en el universo que se mueve, quiero creer en mí, en hacer de lo que tengo lo que merezco. Lo demás empieza ahora, otra vez, como un eterno retorno. Se trata de querer el instante, de morderle la cabeza a la serpiente. Yo empiezo otra vez. Pero nunca voy a empezar a costa de mí misma. Como y con Nietzsche, para vivir en este mundo, no fundaré para mí correccionales ni asilos.





lunes, 19 de mayo de 2008

PalabraCuerpoIntensidades



¿No es momento de escuchar el cuerpo? ¿De que hable?
La palabra-cuerpo y el cuerpo de la palabra.
La experiencia arrojada a intensidades.
Donde no haya regularidades que reduzcan la diferencia, sino singularidades que rompan con las imágenes-continuidades.

lunes, 12 de mayo de 2008

Aplastamiento de las gotas

"Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós."


JCortázar

martes, 6 de mayo de 2008

devenir nosotros


No puedo ser ya la que era porque caíste ahí, intempestivo, pronunciando el encuentro
y mi palabra se vuelve ahora mi-tu palabra
en el mar de las palabras, en los océanos de incertidumbre, en las aguas profundas del pensamiento
sin proyectos, sin determinaciones
en el devenir de lo que vamos siendo mientras nos nombramos

lunes, 28 de abril de 2008

de cosas y de dioses

"Todas las cosas están llenas de dioses"
Tales de Mileto

paseo



“Y nunca me ha gustado preguntar por caminos, -¡esto repugna siempre a mi gusto! Preferiría preguntar y someter a prueba a los caminos mismo” (NIETZSCHE, Friedrich. Así habló Zaratustra).
Entre mi pensamiento y mis pies
hoy no hay distancias que llenar
sino abismos que saltar.



Me sé de paso. Me sé transitoria, andante, transformándome en otras. Habito cada paso que doy, con un horizonte que no es una meta sino un paisaje. Los pasos caminan mi andar mientras devienen ríos, mares, montañas, cielos. En el pasar que se sabe de paso, no hay definiciones que delimitan un mundo, sino la apertura de mundos, las posibilidades que habitamos. La experiencia del cuerpo y las de las palabras, el atravesar y dejarse atravesar por una diferencia, hasta ya no ser quien se era. Entre nosotros y el mundo, la intimidad de este paseo. Como modo de existir. Con las máscaras y rostros que nos tomen, porque ¿podemos aún decir que somos uno y los mismos? Hablo del paseo como el ir de un yo al otro, como el estar parada en lo que cambia. Porque, ante todo, pasamos.
Miguel Morey, en un ensayo titulado Kantspromenade, invitación a la lectura de Walter Benjamin, señala el sentido que Benjamin da al paseo: como metáfora de la forma de la experiencia, puesto que implica un modo específico de relación entre el recuerdo, la atención y la imaginación; y lo propone como una especie de método para una experiencia de lo real, algo como un ethos frente a lo real, que se vuelve régimen de relación de uno mismo con uno mismo. Se trata de un método de quien está y se sabe de paso, opuesto al método arquitectónico que es espacial y estático, del cual Kant es el máximo exponente. Este pasar de lo que pasa, como metáfora de la forma y también como política de la experiencia, tiene su reivindicación en el contar y lo narrativo, en lo qué éste tiene de selección de qué es lo que cuenta en el pasar de lo que (nos) pasa, y de posibilidad de transmitir ese saber de una forma comunicable. En este sentido, en tanto seres de paso, la verdad es siempre un trance, y la posibilidad que hay de comunicarla en tanto que trance, es la narración.
Una política de la experiencia implica restaurar la dignidad de la experiencia, y esto requiere, según Morey, por un lado, la ausencia de intencionalidad, que se opone al plan arquitectónico que pretende edificar, en términos filosóficos, “orientarse en el pensamiento”, sin perderse, teniendo el pensamiento bajo control. En segundo lugar, el perderse tiene que ver con aquel paseo que es siempre un primer paseo, por tanto también con la novedad de un pensamiento mientras se encuentra con lo impensado. En tercer lugar, implica una voluntad atenta a romper con toda voluntad de reconocimiento y con la apertura a la posibilidad del encuentro. Si pasear es romper con la posibilidad del proyecto, es porque en él se busca lo que no se espera “se sale al encuentro de aquello que sólo cuando se encuentra se sabe que se estaba buscando”. Se trata de la captura del instante o de los rostros del instante, que atestiguan lo que no pertenece a la representación (a esto llama Benjamin la “experiencia del aura”).
Así, la experiencia es aquello que nos da que pensar, que pone en movimiento el pensamiento, que nos provoca y coloca frente a nosotros mismos, ante la pregunta “¿qué hacer ante..?” y en este movimiento del pensar aparece la puesta en escena del lenguaje que intenta decir, narrar, contar la experiencia del pasar de lo que pasa. En este sentido es interesante rescatar, para el vínculo entre experiencia, lenguaje e infancia, cómo concluye Morey con Kantspromenade, haciendo referencia a que “el Paseante siempre pasea con un niño, es siempre el niño que fuimos quien pasea”.

Friedrich Nietzsche. Humano, demasiado humano

" Quien ha alcanzado la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida, no puede menos que sentirse en la tierra como un caminante, pero un caminante que no se dirige hacia un punto de destino pues no lo hay. Mirará, sin embargo, con ojos bien abiertos todo lo que pase realmente en el mundo; asimismo, no deberá atar a nada en particular el corazón con demasiada fuerza: es preciso que tenga también algo del vagabundo al que agrada cambiar de paisaje. Sin duda ese hombre pasará malas noches, en las que, cansado como estará, hallará cerrada la puerta de la ciudad que había de darle cobijo; tal vez incluso como en oriente, el desierto llegue hasta esa puerta, los animales de presa dejen oír sus aullidos tan pronto lejos como cerca, se levante un fuerte viento, y unos ladrones le roben sus acémilas. Quizá entonces la terrible noche será para él otro desierto cayendo en el desierto y su corazón se sentirá cansado de viajar. Y cuando se eleve el sol de la mañana, ardiente como un airado dios, y se abra la ciudad, puede que vea en los ojos de sus habitantes más desierto, más suciedad, mas bellaquería y más inseguridad aún que ante su puerta, por lo que el día será para él casi peor que la noche. Es posible que a veces sea así la suerte de este caminante. Pero pronto llegan, en compensación, las deliciosas mañanas de otras comarcas y de otras jornadas, en las que desde los primeros resplandores del alba, ve pasar entre la niebla de la montaña a los coros de las musas que le rozan al danzar; más tarde sereno, en el equilibrio del alma de la mañana antes del mediodía y mientras se pasee bajo los árboles, verá caer a sus pies desde sus copas y desde los verdes escondrijos de sus ramas una lluvia de cosas buenas y claras, como regalo de todos los espíritus libres que frecuentan el monte, el bosque y la soledad, y que son como él, con su forma de ser unas veces gozosa y otra meditabunda, caminantes y filósofos. Nacidos de los misterios de la mañana temprana, piensan qué es lo que puede dar al día, entre la décima y la duodécima campanadas del reloj, una faz tan pura, tan llena de luz y de claridad serena y transfiguradora: buscan la filosofía de la mañana. "

domingo, 27 de abril de 2008

Filosofía y amistad. Situarnos en la experiencia


En la cotidianeidad de nuestra vida, la experiencia es algo que desaparece, dando lugar a un cúmulo de acontecimientos dispersos, poco más o menos entretenidos, que no logran modificarnos enteramente. Tener una experiencia precisa apertura y no cierres o límites, fluidez y no vorágine, la posibilidad de lo nuevo, no la repetición.
La expropiación de la experiencia, según el filósofo italiano Giorgio Agamben, ya se encontraba en el proyecto de la ciencia moderna. Así, la experiencia que se encuentra espontáneamente se le llama “caso”, y aquella buscada, “experimento”. El punto es que un experimento difiere bastante de una experiencia, ya que esta última no puede preverse, no es susceptible de repetición, como sí lo es el experimento, cuyo fin es encontrar una regla general. Por el contrario, la experiencia es única, singular, y el solo intento de repetirla acabaría con su singularidad. La experiencia, entonces, como aquello que acontece sin más, se sitúa casi en los límites del lenguaje, allí donde todavía no podemos hablar, se trata de una in-fancia del pensamiento, en el sentido más literal de la palabra (la infancia etimológicamente se refiere al hecho de aún no hablar, no poseer lenguaje).
La fuerza del pensamiento se pone en movimiento a partir de la novedad que la experiencia le aporta. Recién entonces nos convertimos en un sujeto de lenguaje. Claro que no ocurre esto cuando nuestro hablar es un mero repetir, sin habernos apropiado de las palabras que hacemos nacer.
Así como la experiencia se ha extranjerizado de nuestra cotidianidad, del mismo modo lo ha hecho de diversas disciplinas, y el conocimiento parece más ligado a la repetición de lo mismo que a dar lugar a la diferencia.
Para pensar un vínculo entre experiencia y filosofía, sugerimos hacerlo desde la idea de amistad.

Cuando hablamos de amistad, de algún modo hablamos de nuestra posibilidad de elegir a quienes queremos en nuestra cercanía, a quienes reclamamos la presencia o la adyacencia de nuestra propia vida. Es una posibilidad única, si pensamos en la contingencia de las relaciones personales, la familia, los padres, los hermanos, los compañeros de trabajo. En cualquier caso, las relaciones nos marcan y nos transforman. ¿Hasta que punto seríamos estos, quienes somos, si no fuera por quienes nos rodearon y rodean? ¿Cómo podríamos afirmar que siempre hemos sido los mismos (o que siempre hemos sido iguales), y no hemos sido modificados, revolucionados en el codo a codo con otro, o con otros?
Elegir a otro, ir en busca de la alteridad, implica buscar la diferencia. Una diferencia respecto de nosotros. ¿Y para qué quisiéramos buscar una diferencia? En la diferencia, en el otro que es distinto de mí, encuentro la posibilidad de lo nuevo, de lo que desconozco, de aquello que viene a mí interpelándome. Se trata de situarse en la novedad que aporta la experiencia, en la posibilidad de un encuentro en el más profundo de los sentidos: dos miradas que se reconocen; y esto necesita de una actitud, una disposición, un ethos.
Nietzsche, en su libro Así habló Zaratustra, pone de relieve esta diferencia que el amigo es respecto del sí mismo, y con ello la posibilidad de un diálogo:
“Uno siempre a mi alrededor es demasiado” – así piensa el eremita. “Siempre uno por uno - ¡da a la larga dos!”
Yo y mí están siempre dialogando con demasiada vehemencia: ¿cómo soportarlo si no hubiese un amigo?
Para el eremita el amigo es siempre el tercero: el tercero es el corcho que impide que el diálogo de los dos se hunda en la profundidad.”
Si bien marca en principio una diferencia entre el “yo” y el “mí” (y aquí podríamos ver dos sujetos, un sujeto de lenguaje que dice “yo” y un sujeto de experiencia al que algo le acaece, “a mí”), nos interesa ver esta línea que traza con el amigo, que es éste quien hace salir de las profundidades la palabra y el diálogo, el que muestra la diferencia, el tercero.
La palabra “filosofía”, guarda para sí en su raíz a la amistad. Aristóteles lo señala al decir: “amigo de Platón, pero más amigo de la sabiduría”. Y esta amistad con la sabiduría muchas veces ha sido entendida desde una perspectiva de carencia, de falta. Deseamos aquello que no tenemos o aquello que está prohibido. Ambas respuestas, vinculadas al platonismo y el psicoanálisis, están examinadas desde el ángulo del sujeto y del objeto, desde la categoría de causalidad e implican y mantienen un dualismo en las cosas. Para Lyotard este dualismo no permite afrontar seriamente el problema. Philein, es desear, amar. Pero para Lyotard la filosofía no tiene deseos particulares (la sabiduría, el conocimiento), sino que es el deseo que tiene a la filosofía, como tiene cualquier cosa. En una conferencia dictada en la Sorbona, el filósofo dice:
“Los filósofos no inventan sus problemas, no están locos, al menos en el sentido de que hablan. Quizá lo sean –pero entonces no más que cualquiera- en el sentido de que “ça vent à travers eux” (una voluntad les traspasa) están poseídos, habitados por el sí y el no. Es el movimiento del deseo el que, una vez más, mantiene unido lo separado o separado lo unido; éste es el movimiento que atraviesa la filosofía y sólo abriéndose a él se filosofa”.
Abriéndose al deseo se filosofa, dando lugar a que acontezca el deseo, se halla la experiencia de la filosofía. Pero esta experiencia se da a partir de la separación, de la diferencia, de la novedad. La unidad tan solo se da en la separación, siempre con la mediación del uno a través del otro. Es el movimiento de lo uno que busca lo otro. Desde aquí retomamos la idea de amistad del comienzo. La amistad que nos posibilita elegir la adyacencia de alguien a través del cual nos manifestamos.
El amigo de la sabiduría puede ser pensado entonces como alguien atravesado por un querer (philein) filosofar. Abrirnos al deseo que co-habita con la filosofía, es dejar que se haga presente la fuerza del pensamiento. Dar lugar a una experiencia de pensamiento, y abrirse también a la diferencia respecto de nosotros mismos, a una transformación.
La experiencia del encuentro

“andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”
(Julio Cortázar, Rayuela)

Mencionamos una experiencia como aquel acontecimiento que interrumpe el curso “natural” de las cosas, un alto, una interpelación, una irrupción de lo inesperado, algo no previsto, que nos acontece, que nos llama a pensarlo.

El encuentro es la posibilidad de que algo aparezca ante nosotros, se nos manifieste, tengamos la fugaz posibilidad de tenerlo. Pero implica también la posibilidad de un reconocerse: verse en lo otro, buscarse en la diferencia que puede compartirse, encontrarse a sí mismo en aquello encontrado.
Creo y quiero pensar que el encuentro no es el encontrar lo que estamos buscando, ya que sería simplemente ir en busca de algo que sabemos lo que es. Me tienta más pensar la experiencia del encuentro como aquello que puede aparecer ante mí, o que puede “pasarme” sin esperarlo. Que puede modificar mi rumbo, que puede transformarme. Dos vías que se cruzan. Mirarnos y sabernos. Una oportunidad de no ser siempre sola. Recuerdo encuentros que han sido posibilitadores de otros yoes. Con amigos, intercesores, en sueños, entre yo y mí, con ideas, con palabras…

viernes, 25 de abril de 2008

Vênus

Paulinho Moska






Não falo do amor romântico,
Aquelas paixões meladas de tristeza e sofrimento.
Relações de dependência e submissão, paixões tristes.
Algumas pessoas confundem isso com amor.
Chamam de amor esse querer escravo,
E pensam que o amor é alguma coisa
Que pode ser definida, explicada, entendida, julgada.
Pensam que o amor já estava pronto, formatado, inteiro,
Antes de ser experimentado.
Mas é exatamente o oposto, para mim, que o amor manifesta.
A virtude do amor é sua capacidade potencial de ser construído, inventado e modificado.
O amor está em movimento eterno, em velocidade infinita.
O amor é um móbile.
Como fotografá-lo?
Como percebê-lo?
Como se deixar sê-lo?
E como impedir que a imagem sedentária e cansada do amor nos domine?
Minha resposta? o amor é o desconhecido.
Mesmo depois de uma vida inteira de amores,
O amor será sempre o desconhecido,
A força luminosa que ao mesmo tempo cega e nos dá uma nova visão.
A imagem que eu tenho do amor é a de um ser em mutação.
O amor quer ser interferido, quer ser violado,
Quer ser transformado a cada instante.
A vida do amor depende dessa interferência.
A morte do amor é quando, diante do seu labirinto,
Decidimos caminhar pela estrada reta.
Ele nos oferece seus oceanos de mares revoltos e profundos,
E nós preferimos o leito de um rio, com início, meio e fim.
Não, não podemos subestimar o amor não podemos castrá-lo.
O amor não é orgânico.
Não é meu coração que sente o amor.
É a minha alma que o saboreia.
Não é no meu sangue que ele ferve.
O amor faz sua fogueira dionisíaca no meu espírito.
Sua força se mistura com a minha
E nossas pequenas fagulhas ecoam pelo céu
Como se fossem novas estrelas recém-nascidas.
O amor brilha. como uma aurora colorida e misteriosa,
Como um crepúsculo inundado de beleza e despedida,
O amor grita seu silêncio e nos dá sua música.
Nós dançamos sua felicidade em delírio
Porque somos o alimento preferido do amor,
Se estivermos também a devorá-lo.
O amor, eu não conheço.
E é exatamente por isso que o desejo e me jogo do seu abismo,
Me aventurando ao seu encontro.
A vida só existe quando o amor a navega.
Morrer de amor é a substância de que a vida é feita.
Ou melhor, só se vive no amor.
E a língua do amor é a língua que eu falo e escuto.

miércoles, 23 de abril de 2008

Metáfora del hombre que amó una estrella


Puedo ser quien entró a hurtadillas sin que te dieras cuenta. Te habrás sentido profanado en algún momento. Tal vez te robaba cosas insignificantes: las comisuras de tu boca. Una línea en el cuello. Tus manos delicadas. Tal vez alguna palabra que no era tan importante como tu voz. Tal vez mi nombre en tu boca. Tu aura cuando te tocaba sin tocarte. Vos no te dabas cuenta. Quizás sí en un momento, tarde, te sentiste profanado. En la integridad de tu soledad. En lo profundo de tu pensamiento. En la piel celosa de la mía. En tu propia palabra, que sin saber por qué, me decía.

Habías sido un mausoleo de tu conciencia. Una momia de tu cuerpo. Una chispa encerrada que no encendía el fuego.

Parecías flotando, liviano. Pero en realidad andabas arrastrando un cuerpo. Andabas cargando con un pensamiento. Se te habían impuesto todas las instituciones, la familia, la escuela, pero primero el lenguaje. Y soportabas también las palabras. Las que no estabas listo para decir.

Cuando te diste cuenta era tarde. Ya te había robado. Había sido lenta, calculadora. Había concentrado toda la fuerza de la vida. Había bajado a buscarte. No me iba sin vos. No me iba. Te hechicé, no sé si te iluminé. Tal vez te enceguecí. Te adormilé. No sé qué cosas te hice.

Entonces no sé quién tuvo a quién. Entonces no sé quién robó a quién. Creo que yo ampoco pude darme cuenta. Tampoco pude saberlo. Supe sí, que bajaba a buscarte a costa de cualquier cosa. No me importaba más que lograrte. Creo que fue mi único robo, lo demás me ha costado –me cuesta- tanto conseguirlo. A cualquier costo. ¡A costo de mí misma!

Entonces, empecé a vivir en la tierra, a caminar, el lugar de flotar. Pero también a brillar, porque hasta allí no había sabido cómo hacerlo. Quizás necesitaba brillar para alguien. Quizás vos necesitabas alguien para volar.

Así fue lo que fue, hasta que ya no fue.

Y ahora estamos donde el piso se nos termina.

martes, 22 de abril de 2008

Fragmento de un discurso amoroso

Roland Barthés

El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretametne, indirectamente, un significado único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación.(Hablar amorosametne es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal voz una forma literaria de este coitus reservatus: el galanteo) La pulsión del comentario se desplaza, sigue la vía de las sustituciones. En principio, discurro sobre la relación para el otro; pero también puede ser ante el confidente: de tú paso a él. Y después, de él paso a uno: elaboro un discurso abstracto sobre al amor, una filosofía de la cosa, que no sería pues, en suma, mas que una palabrería generalizada. Retomando desde allí el camino inverso, se podrá decir que todo propósito que tiene por objeto al amor implica fatalmente una alocución secreta.

lunes, 21 de abril de 2008

Sobre importâncias



Um fotógrafo-artista me disse outra vez: veja
que pingo de sol no couro de um lagarto é
para nós mais importante do que o sol inteiro
no corpo do mar. Falou mais: que a importância
de uma coisa não se mede com fita métrica nem
com balanças nem com barómetros etc. Que a
importancia de uma coisa há que ser medida
pelo encantamento que a coisa produza em nós.
Assim un passarinho nas mãos de uma criança
e mais importante para ela do que a Cordilheira
dos Andes. Que um osso é mais importante para
o cachorro do que uma pedra de diamante. E
um dente de macaco da era terciária é mais
importante para os arqueólogos do que a
Torre Eifel. (Veja que só um dente macaco!)
Que uma boneta de trapos que abre e fecha os
olhinos azuis nas mãos de uma criança é mais
imporatnte para ela do que o Empira State
Building. Que o cu de uma formiga é mais
importante para o poeta do que uma Usina Nuclear.
Sem precisar medir o ânus da formiga. Que o
canto das águas e das rãs nas pedras é mais
importante para os músicos do que os ruídos
dos motores da Fórmula 1. há um desagero em mim
da aceitar essas medidas. Porém não sei se isso é um defeito do
olho ou da razão. Se é defeito da alma ou do
corpo. Se fizerem algum exame mental em mim por
tais julgamentos, vo encontrar que eu gosto
mais de conversar sobre restos de comida com
as moscas do que com homens doutos.

Manoel de Barros. Memorias inventadas.

lunes, 14 de abril de 2008

mojarse el pelo de nada


Tiene la tristeza pegada en sus ojos.
No puede arrancársela.
Espera, como siempre, que algo irrumpa y la sorprenda.
Aunque no deja jamás de mirarse con los gatos, y la lluvia, y la luna y alguna noche fresca con viento del sur que le acaricia el pelo, se lo moja de nada, le toca los huesos, le llueve la razón, y las palabras más fecundas nacen cuando el silencio las antecede, les deja el lugar vacío, les deja la nada…

sábado, 12 de abril de 2008

invención

tudo o que não invento è falso

Manoel de Barros

martes, 8 de abril de 2008

horizonte posible

un horizonte
se hace posible
en el instante en que lo aceptamos
como nuestro destino
aceptar el destino
y amarlo como un niño

amarlo como lo amarías

domingo, 6 de abril de 2008

Filosofía de la incertidumbre (abreviado)

Silvana Vignale
¿Qué dicen mis palabras de mí a partir de sus palabras?


Podemos escribir y podemos leer de modos diferentes. Nuestro vínculo con la escritura y la lectura nos invitan a distintos modos de relacionarnos con los textos. Foucault problematiza esta relación con la escritura, y dice que puede escribirse un libro como verdad o como experiencia[1]. Un libro como verdad es escrito cuando se cree poseer una verdad que puede ser transmitida, cuando se piensa desde los fundamentos últimos de la filosofía, que instituyen la preexistencia de una verdad fuera del tiempo y la historia, un más allá de toda palabra y de todo cuerpo, una condición para un pensar que se debate entre la “moral de la culpa” y el “pensamiento correcto”.
Un libro como experiencia, es aquel, que, en cambio, se escribe a partir de lo que se está por decir, sobre aquello que nos llama a pensarlo, la escritura comienza cuando hay algo que no es nuestro, que no poseemos. Una escritura como experiencia no tiene caminos certeros, no se sabe en su destino. Entonces, en esta relación con la escritura estamos involucrados por completo. Saldremos otros, transformados. No se tratará de afirmar una verdad, sino de modificar, poner en cuestión, problematizar, la relación que mantenemos con ella. Se trata de un aprender a desaprender una relación con el saber totalizante que nos es impuesto como meta a alcanzar, un deseo exterior, puesto fuera para ser satisfecho. La escritura como experiencia implica otro deseo de saber, no una posesión, sino un encuentro, no un desear lo que no se tiene o lo prohibido, sino un acontecimiento. El lenguaje como experiencia es entonces el de la palabra como acontecimiento del pensar, como la novedad que surge de la diferencia.
En Nietzsche podemos encontrar esta última relación con la escritura, pero además de hacer de la escritura una experiencia, es alguien con quien podemos relacionarnos íntimamente, si hay entre él y nosotros una afinidad, algo que nos convoca, un encuentro en el pensar, un asentir a una actitud filosófica singular. Es que Nietzsche no escribe libros. No encontramos en su escritura la linealidad del libro: aquello que comienza y tiene fin, aquello que se construye como sistema, aquello que va de lo particular a lo universal. Más bien hay en su pensamiento el encuentro de multiplicidades, una singularidad por decirse, una transgresión al lenguaje instituido para fundarse en otra relación con la palabra, que le permite ser instituyente, crear nuevos órdenes, multiplicar las miradas, hacer sonar las palabras de otro modo. No usa conceptos que cierran el sentido, sino más bien imágenes que abren a la pluralidad, que nos hacen relacionar con el cuerpo de la palabra, con el cuerpo entero, con los ojos que ven con muchos ojos –cuando el mirar es siempre mirar abismos- y los oídos que no pueden oír más que lo que su experiencia les regala; con la boca, ese lugar pronto a la comida y la palabra, al igual que el estómago.
El pensamiento de Nietzsche es como un mapa. Y leer Nietzsche es una invitación a entrar en un territorio de muchos caminos, pues un mapa es susceptible de entrar por cualquier lado, y cualquier camino nos lleva a cualquier otro. No hay linealidad. Deleuze diría que es un pensamiento rizomático. Para leer a Nietzsche no hace falta comenzar por una de sus obras, ni siquiera por el principio de algún libro. No hay principio en la filosofía, tampoco en su escritura.
Leer Nietzsche es entonces una invitación a transitar los caminos de la singularidad y del acontecimiento, una invitación a abismarse en un pensamiento que nos interpela en quienes vamos siendo, una provocación a pensarnos otra vez, a partir de su ironía. Nos invita a una profundidad donde nos tocamos con nuestra sombra, a la intensidad del instante que nos interpela a pensarnos en un tiempo diferente, desde los sentidos que nos vamos dando en nuestro decirnos. Siempre en una cuerda tensa, como la del arco y la lira, en la cual no se busca y se encuentra, se escribe, pero en realidad se lee, se entrega a la pasión –la fuerza del fuego, pero también el padecer de la entrega a lo que viene- al tiempo que se vuelve acción, cuando toma la palabra para crearse a sí mismo. La imagen de Escher puede ayudarnos a pensarlo: se trata de la mano del dibujante que se dibuja a sí misma. Pero esa mano que toma el lápiz no es meramente la propia mano, sino la mano que responde a un juego de fuerzas, a los dados arrojados que afirman un destino, a un robo de máscaras.
Su palabra hiere, su palabra cura. La vida viene besada por el dolor para dar lugar a ser el que se es. La proximidad de su pensamiento es la lejanía con nosotros mismos.
Lo característico del pensamiento nietzscheano es el método del paseante, como metáfora de la forma misma de la experiencia, pues va hacia una experiencia de lo real, hacia una actitud filosófica como tránsito. Es la experiencia del cuerpo, de la palabra y el pensamiento como habitar el pasar de lo que pasa, como salir al encuentro de aquello que sólo cuando se encuentra se sabe que se estaba buscando. Es el ir de un alma a otra, un pasaje, un estar parado en lo que cambia, una mutación en el paisaje. Se trata de poner en valor la fugacidad, la dignidad de lo singular, lo fugitivo, lo transitorio, lo efímero, lo contingente. Es siempre un niño quien pasea.[2]
En el pasar que se sabe de paso, no hay una afirmación que delimite un mundo, sino la puerta a la multiplicidad de mundos, de cada uno de los posibles mundos que habitamos. Se trata de hacer posible lo real. El paseo es la proximidad que mantenemos con las cosas en su distancia, la posibilidad de ir diciéndolas y paladeándolas.
La transfugacidad del pensamiento de Nietzsche nos provoca un ser en el caminar, un no caminar hacia horizontes, sino mordernos los pies en cada paso, nos extranjerizamos en su lectura, nos invita a ser otros en tierras desconocidas, a afincar en nuevas hondonadas, a lanzarnos al vacío como águilas en su planeo al infinito. A hospedarnos en las palabras del otro que somos, a hablar una lengua nueva, a hablar como niños que aprenden, cada vez, a hablar.
¿Cuántas almas nos habitan, cuántos soles nos queman, cuántas palabras para afirmarnos a nosotros mismos, para querer lo que somos? ¿Quién es aquí la que hace preguntas?


[1] Por ejemplo, pueden verla en una entrevista con D. Tromabadori. “Entretien avec Michel Foucault”. In: Dits et Écrits. Paris: Gallimard, 1994/1978, p. 41-95.

[2] MOREY, Miguel. Kantspromenade, invitación a la lectura de Walter Benjamin. Barcelona, La Central, 2004.

sábado, 5 de abril de 2008

Lunática


lunática
soportando la levedad de un gesto menguante
puedo abrochar la noche al silencio
como un botón negro en la tela de la nada
qué agueros parpadean en la negrura infinita
dentro de qué esfera brilla
lo que no tiene nombre
un espacio emerge
y el tiempo pulsa
emerjo
respiro una presencia
abro los ojos
e inmediatamente
rebota la luna

¿No tienen que existir tales filósofos?

“Insisto en que se deje por fin de confundir a los obreros filosóficos, y en general, a los hombres científicos con los filósofos, -en que justo aquí se dé rigurosamente “a cada uno lo suyo”, a los primeros no demasiado, y a los segundos no demasiado poco. Acaso para la educación del verdadero filósofo se necesite que él mismo haya estado alguna vez también en todos esos niveles en los que permanecen, en los que tienen que permanecer sus servidores, los obreros científicos de la filosofía; él mismo tiene que haber sido tal vez crítico y escéptico y dogmático e historiador, y, además, poeta y coleccionista y viajero y adivinador de enigmas y moralista y vidente y “espíritu libre” y casi todas las cosas, a fin de recorrer el círculo entero de los valores y de los sentimientos de valor del hombre y a fin de poder mirar con muchos ojos y conciencias, desde la altura hacia toda lejanía, desde la profundidad hacia toda altura, desde el rincón hacia toda amplitud. Pero todas esas cosas son únicamente condiciones previas de su tarea: esta misma quiere algo distinto, -exige que él cree valores. Aquellos obreros filosóficos modelados según el noble patrón de Kant y de Hegel tienen que establecer y que reducir a fórmulas cualquier gran hecho de valoraciones –es decir, de anteriores posiciones de valor, creaciones de valor que llegaron a ser dominantes y que durante algún tiempo fueron llamadas “verdades” –bien en el reino de lo lógico, bien en el de lo político (moral), bien en el hecho de lo artístico. A estos investigadores les incumbe volver aprehensible, manejable, dominable con la mirada, dominable con el pensamiento todo lo que hasta ahora ha ocurrido y ha sido objeto de aprecio, el acotar todo lo largo, más aún, “el tiempo” mismo, y el sojuzgar el pasado entero: inmensa y maravillosa tarea en servir a la cual pueden sentirse satisfechos con seguridad todo orgullo sutil, toda voluntad tenaz. Pero los auténticos filósofos son hombres que dan órdenes y legislan: dicen “¡así debe ser!”, son ellos los que determinan el “hacia dónde” y el “para qué” del ser humano, disponiendo aquí del trabajo previo de todos los obreros filosóficos, de todos los sojuzgadores del pasado, -ellos extienden su mano creadora hacia el futuro, y todo lo que es y ha sido conviértese para ellos en medio, en instrumento, en martillo. Su “conocer” es crear, su crear es legislar, su voluntad de verdad es -voluntad de poder. -¿Existen hoy tales filósofos? ¿Han existido ya tales filósofos? ¿No tienen que existir tales filósofos?...”
FRIEDRICH NIETZSCHE